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menudo, todos nos vemos influidos en mayor o en menor medida por la sociedad de consumo. El marketing y la publicidad son los encargados de hacernos desear un producto y, más tarde, de que lo compremos. Las grandes superficies juegan un papel importante con sus precios ajustados y competitivos...
Esto, que resulta tan cotidiano y tan admitido por todos, se convierte en un gran problema para personas que no son capaces de controlarse y que se dejan llevar completamente por este consumismo. No estamos hablando de adictos a las compras, que también se ven afectados, sino de personas con muchas dificultades a la hora de controlar el consumo de la semana, auténticos despilfarradores de dinero. A menudo, realizan compras innecesarias, caen en la trampa del "dos por uno" comprando muchas cantidades del mismo producto y van siempre a la caza del último modelo de TV, de coche, etc. A más dinero, más gasto Este problema puede nublar otros aspectos de la vida de la persona, como el económico y el conyugal. A nivel económico, el presupuesto familiar se resiente. Son las típicas personas que siempre se quejan de no tener nada, pero que no dejan de gastar para así conseguir poder ahorrar algo. Dependiendo de la economía familiar, este aspecto será más o menos irrelevante, aunque tendremos en cuenta que, a más dinero disponible, más gasto, con lo que nos dará igual tener más o menos salario a fin de mes. Por otro lado, está el problema de pareja propiamente dicho. Si la pareja no comparte esta aficción por las compras aparecerán resentimientos, discusiones y compromisos incumplidos que irán mermando la relación, sobre todo si a finales de mes hay problemas para subsistir. El perfil del despilfarrador Las personas con estas dificultades tienen una serie de características bien diferenciadas: Infravaloración: No se valoran lo suficiente a sí mismos y necesitan adquirir artículos y parecer que pueden consumir lo que quieren para aparentar delante de los demás que tienen mucha valía. Dan mucho valor a lo material y compiten con amigos y familiares para ver quién tiene el mejor coche o el mejor piso. Ansiedad: Son personas ansiosas que necesitan estimulación para mantener el nivel de ansiedad. De aquí viene su impulsividad y su dificultad para controlarse. A menudo, una vez realizada la compra, comprueban que ya no les interesa y se quedará almacenada en un armario sin usar. Actuaron por impulso y para satisfacer su necesidad de estimulación y, una vez adquirido el producto, vuelven al punto inicial, ya que la estimulación desaparece. Necesitarán encontrar otro producto que les vuelva a hacer sentir esa excitación. Parejas permisivas y confiadas: Sus parejas pueden resultar muy permisivas al comienzo del problema e incluso, más adelante, sobre todo si son muy dependientes del cónyuge. Son personas con poca necesidad de control o que delegan los aspectos económicos en el otro, con lo que están ajenas al gasto. Sólo serán conscientes cuando aparezcan los números rojos. Suelen ser bastantes confiadas, característica muy útil para los despilfarradores, que lo aprovecharán al máximo. Baja autoestima: La baja autoestima aparece también en estas personas, sobre todo cuando las dificultades económicas son muy patentes. En un principio, consumen para saciar su ego materialista (lo cual denota que dan valor a lo que tienen y no a lo que son) y, en un segundo momento, se sentirán culpables y boicotearán la poca autoestima que tenían con autocríticas personales. No aceptación del problema: También pueden, en un primer momento, no aceptar el problema y encubrirlo con artimañas. Lo seguirán haciendo hasta que se descubra el pastel o hasta que alguien no les enfrente a su problema. También pueden no darle importancia, justificarse o decir que no es para tanto, siempre y cuando la economía no se vea resentida. Estimulación-depresión: Entrarán en una dinámica de estimulación–depresión; estimulación cuando realizan la acción y depresión cuando ven los resultados.
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